15.7.07

NÉSTOR no ha terminado tampoco

Néstor Bermudez nació en Ciudad Guayana, Venezuela, en 1979. TSU en Informática. Fue profesor de Computación y Programación, actualmente estudia Letras en la U.C.V. Ha publicado textos sobre política, deportes y literatura en revistas como Analítica y Arte Literal. Así mismo en México, en la Revista 800 y en España. Tiene una columna de ficción en la revista guayanesa Fauna Urbana. Formó parte del taller de Relato Contemporáneo en Escribas, bajo la tutela de Oscar Marcano. En 2006 ganó el Festival Literario Ucevista en la mención de cuento, con "Sade mira". Su blog Unheimlich. Les regalo dos cuentos del autor.
ESTO NO HA TERMINADO

«El hombre se diferencia del animal en que bebe sin sed y ama sin tiempo» José Ortega y Gasset


Esa tarde me levantó una revelación: sería infiel. Sí, dije tarde y dije también revelación y dije infiel. Lo primero porque el día anterior me había ido de farra con unos amigos y no llegué a casa sino hasta la mañana. Así que había dormido como hasta las cuatro. Lo segundo, no sé, sólo hubo algo que retumbó en mí y antes de abrir los ojos estaba ya girando en mi cabeza la idea, no, la convicción de que sería infiel, y esto es lo tercero, nunca había engañado a mi esposa, ni de novios.

Ya de antes, como un año o dos, mientras trabajaba en la casa cambiaria esa idea había revoloteado por mi cabeza en varias oportunidades. La primera, que recuerdo claramente, fue atendiendo a una anciana extranjera que deseaba cambiar un cheque en dólares a la moneda nacional. La señora iba acompañada por aquél espécimen de mujer, blanca, alta, no muy delgada, mas bien exuberante, con las hebras más largas y el cabello más negro que pudiera imaginarse uno. Enrulado. Fabuloso. Le hacían un extraño juego en el rostro, junto a los enormes ojos claros. Es decir, era un hembrón. La nieta, no la vieja. Ahí pensé, Dios, si tu lo quisieras hubiese una así por cada hombre. Por qué eres tan egoísta, chivuíto… vale, mándame una así y me divorcio. Claro, Dios ni me paró bolas, primero, a quién carajos se le ocurre pensar en que el creador deba hacer mujeres hermosas para cada hombre, segundo, si así fuere, entonces miraríamos a la feas y pensaríamos «Dios, si tu lo quisieras hubiese una así por cada hombre» porque así somos, antojados e inconformes. Tercero, nada más mí, inexperto en la materia, se me ocurre pedirle al creador que me mande una modelo para divorciarme de mi esposa, que, vale recordar, fue a la que le juré amor delante de él. Pues bien, el caso es que esa fue la primera vez que sentí el gusanillo de la infidelidad, aunque claro, no llegué a nada; creo que la nieta ni se dio cuenta de que alguien atendió a la vieja, ni me miró, pensaría que el dinero salió voluntariamente de la caja y se guardó en la cartera de la señora. No sé, ¿pensaría?

Siete años de matrimonio, más otros tantos de noviazgo te hacen dudar. O te hacen dudar de si estás bien donde estás o te hacen dudar de si será que los demás son los pendejos por no casarse. Pero de que dudas, dudas. Es difícil la vida del casado. Quieres salir con tus amigos pero no puedes. Y no es que no puedas, sino que no puedes. No se si me explico. Quieres muchas cosas absurdas que antes, cuando las tenías, no las querías y soñabas con estas que tienes ahora y que ya no quieres. Al menos no todos los días. Buenos días mi cielo, Buenos días mami, cómo amaneciste, Bien, dormí rico anoche, Sí, que bueno, yo también dormí rico, si sabes a lo que me refiero, pequeña, Ay chico, loco, jajaja estuviste divino, me encantó, teníamos tiempo sin portarnos mal. Y es verdad, lo teníamos, y lo seguimos teniendo luego de eso. Nunca antes el tan famoso dolor de cabeza fue un recurso tan monotamente usado y tan idiotamente aceptado como después del segundo año. Solía bromear entre amigos y decir, Coño, imagínate tú, siete años de casados, más otros tantos de novios… y aún nos hablamos, es admirable, no. Y todos reían, aunque no todos sabían bien porqué.

Había llegado a la fiesta algo cansado del día de trabajo. Y fui más que todo por no quedarle mal. Entré a la casa luego de que me abriera la puerta una chica desconocida. Pregunté por el anfitrión y me dijeron que estaba por ahí. Entré y me acerqué a la cocina, habían varias personas conversando y riendo, no reconocí a nadie, fui a la sala, lo mismo, luego el comedor, nada, el patio, menos, Bueno —pensé— este carajo dónde se habrá metido, y quién coño es toda esta gente, no conozco a nadie y lo peor es que todos parecen conocerse. Me dieron ganas de orinar, fui al baño. Abrí la puerta y encendí la luz: ahí estaba mi amigo, hundiéndole la lengua hasta la laringe a una rubia pequeñita pero de buenas carnes. Ay caramba, disculpa. Apagué la luz, cerré la puerta y me quedé parado afuera un rato asimilando la escena. Nada, toca socializar mientras mi amigo hace lo suyo.

Demonios, dónde dejé mi trago. Verga no se, viejito, ve a ver si en la cocina, Bueno, ya vengo pues. Ya me siento como ebrio, pero aun no del todo, estoy lo que llaman Feliz feliz, alegre alegre. Encuentro mi trago en la cocina y me devuelvo a la sala. Ahí sigue el hombrecito ese con la guitarra dale que dale. Yo la vi, caminando junto a mi, con su… todos cantaban. Yo no se, pero como yo no la vi caminando ni junto a mi ni junto a usté, yo no canto, compay, Ajajajaja, usté si tiene vainas, pues entonces yo tampoco canto, porque yo no he visto a nadie, Ey… jajajaja Yo no he visto a linda, parece mentira… Cantamos a todo gañote, interrumpiendo la tonada de los Impala, y haciéndolos callar. Nos miraron y se echaron a reír. Cantaron.

Vi el reloj, las cuatro, Que resaca. Me levanté, fui directo al baño, me bajé el mono, y me senté, oriné tranquilo, fue una meada larga y feliz. Me acomodé el mono, bajé el agua, y abrí el grifo del lavamanos, junté mis manos e hice de ellas un pequeño recipiente que llené con el líquido vital que salía frío del tubo y con la misma me lo eché en el rostro luego de inclinarme un poco hacia delante. Mi esposa había salido. Yo me di una ducha y me empillamé nuevamente. Me empiné la botella de Coca Cola que había en la nevera y sentí que el cielo llegaba a mí. Bebí demasiado. Abrí el periódico y comencé a ojearlo recostado en el sillón grande de la sala. Los titulares nomás. Preso Juez Familiar por caso de corrupción. Ex ministro de Hacienda asegura que funcionarios del gobierno mienten para encubrirse. Nuevo virus informático destroza su pc por archivos ocultos. Vizquel se roba tres bases. Nuevas evidencias de que Bond mintió. Asesinado hampón «Montacachos» en un enfrentamiento con la PM. Marido es golpeado salvajemente por su esposa, al encontrarlo con amante. Luis Amaya Lara publica nueva novela «El Don Juan frustrado». Lancé la porquería esa al suelo. Seguía dándome vueltas en la cabeza la idea de ser infiel y no leí nada a lo que no le hallara alguna relación. No, no, eso es psicológico —me dije para tranquilizarme— eso es pura predisposición. Me sentía culpable y ni siquiera sabía con quien iba a ser infiel.

Hola, no te puedo atender en estos momentos, deja tu mensaje después del tono, gracias. Mi cielo, voy a llegar tarde, ando con una gente de la oficina, que llegó el antiguo gerente y vamos a tomarnos algo con él. Ya iba tarde, la mujer me esperaba en la tasca acordada, pero antes debía asegurarme que mi esposa no sospechara nada. Hola, Hola papi, que lindo estás chico. Bueno, todo esto es pa'ti nada más. Uy que rico. Mesero, dos cervezas, por favor. Bebimos, y nos fuimos al hotel. Esta negra tenía un culo que me volvía loco. Ya de madrugada la embarqué en un taxi y me fui a mi casa. Tranquilo, mi esposa durmiendo, feliz y contenta y yo… livianito. Otra cana al aire que me llena el corazón. Gracias chivuíto, eres lo máximo.

No sé, es extraño cómo puede cambiar uno, hace dos noches estaba camino al hotel con la flaca de la oficina del piso tres y vi un accidente que me dejó boquiabierto, un carro volcado y vuelto chicha justo en la entrada del hotel. O sea, a un ladito. Entré e hice lo mío, la pasé bien, pero no dejé de pensar en ese accidente. No se por qué. Dejé a la flaca en su casa, fui donde mi compadre, le entregué su carro y me fui caminando al restaurante donde había quedado en verme con mi esposa. Entré y ahí estaba ella, bella, espléndida. La abracé fuerte. Es extraño, pero sentí tanto que la amaba, que la amaba en verdad. Son trece años de matrimonio más otros tantos de novios, es decir, han sido tantas cosas y tanto tiempo. Conversamos, nos reímos, la pasamos genial. Saliendo del lugar me quemó la mirada de aquella mujer que cenaba con un grupo de personas. Sus compañeros de trabajo, supongo. Salimos a la calle a esperar un taxi. Se me quedó la cartera mi cielo, espérame aquí, ya vengo. Ay chico, si eres olvidado, anda pues. Entré de nuevo, la fusilé yo también con una mirada, todo quedó claro. Subí las escaleras hasta los baños. Espere. Hola, Hola. Sentí que la ahogaba con mi lengua. En verdad sentí que la mataba. No me importó. Fue un arrebato. Al rato me miró y me dijo Este es mi número, por favor, llámame. Claro que lo haré, esto no ha terminado. Salí y ahí estaba mi esposa, linda como nadie. Demoraste.



SADE MIRA


«No eres más santo porque te alaben, ni más vil porque te desprecien» Tomás de Kempis

No deja de mirar. Ahí está, sudado y asqueroso, maloliente. Mirando, baboseando, más bien. Las jovencitas pasan de aquí para allá, contoneándose con sus siluetas dibujadas a pulso de cirujano. El tipo ese sigue allí, parado con su sonrisita de idiota. Cualquiera diría que esas jóvenes dan dos pasos y se multiplican; divinamente viene otra detrás, y así hasta formar este desfile de cueros provocativos. No se de dónde salen. El tipo las mira, suda animalmente. Baboso. Quién sabe qué se debe estar imaginando el muy desgraciado. El ruido de la calle, las cornetas y hasta el humo de los autobuses me parecen estruendosos. Una ambulancia, allá en la esquina pide el paso, se le nota la voz estresada al conductor. El sol iracundo y el tipo ese ahí todavía. Las hermosas y suculentas mujeres van y vienen, restregándole toda su deseabilidad al mirón aquel. Él mira a una en especial que recién llega. Viene escribiendo mensajes por el teléfono celular. El tipo ese también parece hacer lo mismo. No se conocen, no es a él a quien ella le escribe, así, con esa sensualidad que repugna. Ahí está otra vez la risita estúpida, coño, que idiota. De qué carajo se ríe. Sigue sudando, tiene la camisa manchada debajo de las axilas y en el pecho y en la espalda con grandes charcos de sudor. Ella sigue dale que dale al telefonito, las otras jóvenes siguen su paseo de cueros. El tipo las sigue mirando a todas, pero siempre pendiente de la del celular. Ella levanta la vista, parece impaciente, está esperando a alguien. El tipo se pone algo nervioso, sigue sudando, sigue baboseando. Ella da algunos pasos para acá y para allá, mirando las vidrieras sin ver las vidrieras. Él continúa parado junto a la columna, se pone los lentes oscuros y vuelva a hacer su sonrisita. Pendejo. Umm que perfume tan delicioso, la mujer que acaba de pasar frente a mi dejó una estela. Se bañó en perfume, dirían en mi barrio. Que cuerpazo que se gasta la muy hija de puta. El tipo aquél no la vio, je, de lo que se perdió. Pero yo no voy a hacer ninguna sonrisita pendeja, si se lo perdió se lo perdió y ya. Lleva rato detallando a la del celular, que sigue dale que dale al mensajito. Se bataqueó, segurito la dejaron como novia e’ pueblo. Parece pensar. El fulano aquél camina hacia la salida, está cerca. Ella camina hacia allá también. Disculpe señora, verga que pendeja, fíjese por donde camina. Están afuera ya. Ella camina hacia la siguiente esquina. Él va tras ella, deja alguna distancia y sigue volteando tras el culo de cada mujer que pasa frente a sí. Disculpe. Disculpe, coño cuerda de atravesados, quítense. Allá sigue ella caminando, él tras ella. Casi puedo verle la cara al gozón ese, con su sonrisita más pendeja que nunca. La esquina, el semáforo y la pitadera de los carros. Pasan con el verde peatonal. Algunos chiflidos de conductores babosos que imaginan cualquier cantidad de pendejadas con ella le da mayor distancia al tipo ese. Ella apura el paso y sigue con el bendito teléfono en la mano dale que dale. Dos cuadras ya sin mayor trafico ni gente. Ella camina más rápido, ya se dio cuenta del tipo. Él apura el paso también. La espalda es toda una gran marca de sudor que se le adhiere como un forro ajustado. Se le está acercando. Ella comienza a correr. Al fin deja el asunto de los mensajitos. Ya casi la alcanza, ahora es ella quién se nota sudorosa. Casi justo frente al terreno baldío el tipo ese le brinca encima y la atrapa. Ella intentó gritar, pero la mano del tipo le tajó el grito bruscamente. Nervios. La calle sola como nunca, allá atrás quedaron los pitos, los semáforos, las ambulancias y el desfile de mujeres deseables y olorosas. Hay monte, apenas si veo. Aja, él está sobre ella, tocándola morbosamente y diciéndole palabras que no alcanzo a oír. Le rasga la blusa, uy que tetas tan divinos que se gasta la pobre. La tiene aprisionada de una forma muy diestra, se nota que es un experto. Tiene todo su asqueroso cuerpo mojado sobre la ropa que ella cuidadosamente seleccionó para la cita. Así es. Ella llora. No puedo creerlo, parece que busca su celular con la mano que puede mover No joda, va a seguir con la vaina de los mensajitos. El tipo le arranca con dos dedos y de un tirón la pantaleta negra, finita, casi hilo. Alcanzó el celular, parece echar dedo de forma absurda al teclado. El tipo saca su pene erecto y descomunal y arremete contra ella. Ahora llora más, pero no suelta el telefonito la muy pendeja. El tipo le soba las tetas y babea sobre ellas, y sobre su cuello. A ella se le nota sangre en uno de los brazos, parece tener un raspón. El tipo está jadeando y cabalgándola con rabia, parece como poseído, la insulta, ahora sí le oigo. Puta, toma esta cogida para que aprendas, puta. Ella tiene la cara negra en una mezcla extraña de lágrimas con maquillaje. Sigue dándole al teléfono. El tipo le susurra cosas y sigue pasándole las manos por las tetas, las piernas y el culo, sigue su baile animal sobre ella, que sigue sangrando. Coño, me están llamando, menos mal que tengo la verga esta en modo vibrar. Ja, ni crea la coño e’ madre esta que le voy a contestar, bien merecido se tiene lo que le está pasando por no querer acostarse conmigo, por dejarme por el pendejo aquel, por el galancito de mierda ese. No, no te contesto, puta. El tipo jadea mientras chorros de su sudor le caen a ella encima. Suelta por fin el teléfono del coño ese, se dio por vencida. Sigue con su lloriqueo. El tipo suelta un golpe duro contra su cara empantanada. Cae inconsciente. El tipo se levanta respirando agitado. Me voy. La calle sigue sin gente, la vida está como en pause. Apuro el paso, volteo. El tipo sale, me mira. Le hago un gesto y con el mismo paso apurado dejo en el suelo el paquetico con el dinero. Un semáforo, puedo pasar, aprovecho. Volteo de nuevo y ya no lo veo más. Ahí está el centro comercial nuevamente. Entro y veo con gracia cómo esas mujeres siguen contoneándose sin pudor frente a los hombres. Sus faldas diminutas, sus escotes y su putería. Subo hasta un café. Coño estoy sudando, mejor me seco. Ya. Ahora, nada mejor que un postre para celebrar. Mesonero, disculpe.


Fuente: El autor.

3 comentarios:

Jesús Nieves Montero dijo...

salud por tu blog!

por cierto, me dejaste una invitacióne n el mío, pero no el correo adonde enviarte el material...

espero tu respuesta

cariños

jesus

Nestor Bermúdez dijo...

Bueno, no se, la sorpresa ha sido grande. Muy grande. Demasiado, quizá. Digo, no sabía que me tenian publicado en esta página. Muchas gracias, Nadir, es un grato honor el que me haces. Ya te había visitado un par de veces y, que distraído soy, no me había percatado que tenías un cuento mío acá.

Bueno, te dejo, además de mi agradecimiento, mis más sinceros saludos y felicitaciones por lo que haces con este espacio. Sigue adelante.

Nadir Chacín dijo...

Gracias Néstor
El honor es mío por tu comentario. Este espacio lo he construido con cariño me da gusto que los escritores que reseño se acerquen a verlo. Estoy a la orden en mi mail personal nadirchs@gmail.com para que me envíe de favor una foto suya, que no tengo y me gustaría ponerla.
Muchas gracias y seguiré adelante...
Nadir